#niMalosniTontosniVagos

Esta iniciativa nació el mismo día que descubrí que las dificultades que presentaba una de las personas más importantes en mi vida para acabar sus deberes y completar las tareas a tiempo en clase, entre otras, no eran fruto de una actitud indolente y descuidada, sino el síntoma de una serie de características fisiológicas y cognitivas que estaban sirviendo de obstáculo a su aprendizaje.

Entendí entonces que la falta de información y herramientas de diagnóstico temprano por parte de docentes y familias condenan a miles de niños al fracaso escolar, a la tristeza de verse excluidos de la carrera de desarrollo personal que siguen sus compañeros y a la asunción final de su no valía. Se les trata como si en algún momento de su crecimiento ellos hubieran decidido de manera consciente adoptar el rol de vagos, lentos, tontos o malos.

Este es el porqué del hashtag y la serie de tarjetas para ser publicadas en la red: hacer ver que tratamos como vagos, lentos, tontos o malos a personas que, en realidad, tienen altas capacidades, un defecto visual o auditivo, algún trastorno del aprendizaje como la dislexia, una actividad cerebral rumorosa o, simplemente, una leve disgrafía porque son zurdos de ojo y diestros de mano. Quizás, también, un enorme laberinto emocional…

En definitiva, que restamos a la sociedad un ingente talento mientras sumamos frustración e infelicidad porque no hemos sido capaces de pararnos a pensar que cada niño y niña son individuos llamados a ser adultos plenamente autónomos, solidarios y cultos pero que parten de distintas naturalezas y experiencias, y que necesitan por ello una atención acorde a sus condiciones (repetir el “venga, que tú puedes” en los casos en los que realmente no se puede o se puede tras un esfuerzo descomunal solo crea frustración).

No soy psicólogo, pero con la ayuda de Mariel Bajo Hervás, neuropsicóloga en Neuroaprendizaje, compuse esta serie de tarjetas. No se trata en absoluto de desarrollar una taxonomía de los síntomas de los trastornos del aprendizaje, sino de que las familias y docentes, al encontrarse con una de estas frases e identificarlas con su alumno o con su hijo, vean que detrás de estos problemas pudieran existir alguno de los tipos de trastornos sobre los que habría que trabajar, ahorrándose con ello mucha energía y una lucha tan infructuosa como de resultado negativo.

Experimentar el cambio del niño al sentirse atendido en sus dificultades, o al ser canalizadas sus verdaderas capacidades, aporta tanta felicidad que era imposible no hacer algo, aunque sea tan simple y humilde como una serie de tarjetas en Genial.ly para ser compartidas bajo un mismo hashtag.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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