Transformación digital

Las distintas lecturas, conferencias y charlas que disfrutas con profesionales y amigos son como pequeños vidrios irregulares de colores con los que se puede ir componiendo vidrieras —ideas, proyectos, discursos—, ensambladas con la estrecha junta de plomo que aporta nuestro conocimiento y alcanzando tanto valor como talento se utilice a la hora de configurar el conjunto y, sobre todo, como interesante sea el guión que siga la luz que revelará el vitral frente al espectador, con intensidad, matiz y ángulo cambiantes —los de la luz y los del espectador.

Insistiendo en la metáfora, descubro personas que, no sólo aportan estas piezas, sino que proporcionan además patrones de los procesos de construcción, ofrecen juntas de unión e, incluso, visualizan posibles diseños del resultado final. Juan Carlos Álvarez Cepeda es una de esas personas; hace poco, ampliaba mi horizonte de conocimiento compartiendo conmigo la esencia del proyecto DARER, una metodología de modulación y modelación de organizaciones dinámicas —ligada por ello a modelos organizativos emergentes como la holarquía y la redarquía—  en la que la definición de los roles y las personas, funciones, recursos y competencias asociados a ellos es fundamental.

Para el tejido empresarial español, en su gran mayoría pymes y micropymes, la reconsideración de estos modelos de organización y de sus objetivos estratégicos es ya una cuestión vital para sobrevivir y desarrollarse en la sociedad tecnológica del conocimiento y la información. Y sobre esta necesidad, Juan Carlos —desde cohaerentis— y Nuria Martínez —Taller Activo— llevan tiempo componiendo una vidriera de proporciones ambiciosas y equilibrada desde su inteligente enfoque del liderazgo y la Transformación Digital.

Transformación digital, transformación informacional, transformación red pero, sobre todo, transformación. No discutamos ahora, hablamos de lo mismo: el calificativo digital es el que por su emergencia domina hoy sobre el sustantivo transformación, pero es esta acción, sin embargo, la que ha impulsado la vida, llevando a bacterias y arqueas a convertirse en mujeres y hombres que reflexionan, inventan, cantan y se organizan en redes globales.

Ambas palabras se amalgaman actualmente en nuevos significados porque, con la irrupción de la revolución tecnológica, la acción transformadora se ha acelerado exponencialmente y las organizaciones empresariales y sociales se ven forzadas a evolucionar, desde una configuración unicelular, a complejos clústeres de competencia y cooperación. Entender, asumir y liderar este proceso es tan complicado que necesitamos ayuda de manera casi inmediata.

Pero sin miedo, la incertidumbre sobre ese futuro incierto es precisamente un catalizador de nuevos aprendizajes y recursos y, sobre todo, propicia conocer a personas que siguen aportando esas piezas vidriadas tan importantes para nuestro relato vital. Para todas ellas va dedicado este Black Mountain Blues de Bessie Smith que, aunque Tomás Marco exprese que la música no es un lenguaje universal, sino una actividad universal —como la transformación—, sé que la entendería aunque cantara en nepalí.

Imagen: vitral de la Capilla de Acción de Gracias en Dallas (Texas)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *